REFLEXIONES DIARIAS (LXVI)

Un año entero preparándose las oposiciones para que, a la hora de la verdad, le traicionaran los nervios.

La prueba de matemáticas no le había salido del todo mal, y en literatura había conseguido defender decentemente la evolución del teatro de posguerra. Pero donde había patinado había sido en física y, sobre todo, en inglés. ¡Escuchar una grabación durante 10 minutos, preparar un resumen de quinientas palabras, exposición oral durante diez minutos! No estaba preparada para una prueba tan difícil.

Sinceramente, los López se habían pasado con las preguntas de la oposición. ¡Total, si era para limpiar y planchar tres o cuatro horas a la semana!

lxvi

REFLEXIONES DIARIAS (LXIV)

Sin duda, había trabajos que nadie querría hacer, trabajos que nunca estarían bien pagados. Y uno de ellos era el suyo.

Aguantar los rigores del verano, con cuarenta grados a la sombra, vestido con frac y con sombrero, o dar largos paseos por calles y caminos intransitables siguiendo a su presa, eran aspectos que podía llegar a soportar. Pero lo verdaderamente insufrible eran las miradas de los niños. Sobre todo cuando te presentabas en su cumpleaños, siguiendo a su padre, y tu sola presencia hacía que se cortara hasta el merengue de la tarta.

Hoy tenía un nuevo servicio. Vestido impecablemente con su frac, su sombrero y su maletín, allí estaba él, en el velatorio de aquella buena señora, aguantando las miradas de familiares y amigos. Sin duda, había trabajos que nunca estarían bien pagados…

lxiv

REFLEXIONES DIARIAS (LVIII)

– ¿Te acuerdas de la entrevista de trabajo que hice hace quince días?
– Sí, ¿qué tal?
– ¡Me han cogido! Empiezo mañana mismo.
– ¡Qué suerte!
– ¡Sí! El horario es bueno, de ocho de la mañana a doce de la noche, y sólo tengo que pagar dos mil euros. Además, me dejan cinco minutos para comer y llevo pañales para no tener que ir al baño.
– ¡Hala! No lo dejes escapar, es un chollo…
– Ya te digo. Tengo que firmar el contrato. ¿A qué día estamos hoy?
– 1 de junio de 2035.

LVIII

REFLEXIONES DIARIAS (LII)

“Número 56 – Mesa 8”.
– Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
– Buenos días. Verá, es que estoy a la espera de que me hagan la devolución de mi renta del año pasado, y me haría mucha falta ese dinero.
– ¿Aún no se lo han devuelto?
– No, aunque sé que ha pasado muy poco tiempo, pero ese dinero…
– Nada, nada, no se preocupe… A ver… Déjeme que lo mire… Ya está, “devolución efectiva”. Creo que lo tendrá ingresado hoy mismo en su cuenta.
– ¡Vaya! ¡Muchas gracias!
– De nada, que tenga un buen día.

“Número 60 – Mesa 8”.
– Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
– Buenos días. Tengo un problema. Me ha llegado una inspección porque no pude pagar el IVA en su momento… Me reclaman ahora 5.000 € que no tengo y que no sé cómo voy a pagar…
– Vaya…, ¿y por qué no los pagó en su momento?
– Pues…, me quedé sin trabajo, uno de mis hijos enfermó gravemente, tuve que dedicarle mucho tiempo a él y a la familia…
– Bueno, no se preocupe, buscaremos una solución. Dígame su DNI
– 8943892895-K
– Bien…, ya lo veo… Sí, inspección incoada contra usted por bla, bla, bla… Bueno, ahora mismo lo soluciono: “Inspección finalizada sin reclamación monetaria”. Nada, ya está todo cerrado y archivado. Puede marcharse tranquilamente.
– ¡Cómo…! ¡Pero…! ¡Muchas gracias!

Y así continuó toda la mañana el trabajador de la mesa 8, disfrutando de su último día de trabajo, antes de la jubilación.

LII

REFLEXIONES DIARIAS (XLVIII)

– ¡Es usted un inútil, un imbécil y un inepto!
– Muy bien, Martínez. ¿Algo más?
– ¡Y un tacaño!
– Perfecto, Martínez. ¿Eso es todo?
– Si, señor director.
– Haga pasar a Gómez, por favor.

Cada viernes, los empleados gozaban de unos minutos para insultar a su director, para desahogarse, para arrojarle a la cara toda la negatividad que acumulaban durante la semana. Seguía una teoría elaborada por un doctor americano, el doctor Smith, según la cual se mejoraban las relaciones laborales y se eliminaba el estrés.

– Gómez, puede empezar cuando quiera.
– No tengo nada que decir, señor director.
– Venga, Gómez, seguro que tiene mucho rencor guardado.
– No, de verdad, señor director…
– ¡Gómez, se lo exijo!
– Pero…
– ¡Gómez, hable de una vez!
– ¡Me tiro a su mujer todos los martes por la tarde, mientras que usted, gordo asqueroso, juega al pádel!

Secándose el sudor, el director se acordó del doctor Smith y de toda su familia..

XLVIII

REFLEXIONES DIARIAS (XXXVIII)

Gonzalo se despertó aquella mañana con una resaca increíble. “No vuelvo a salir un martes”, se prometió a sí mismo, consciente de la fragilidad de su fuerza de voluntad. Medio despierto, llamó al trabajo y preguntó por su jefe.

– Don Nicolás, estoy ahora mismo en el hospital. Acaban de ingresar a mi abuela. Tiene una insuficiencia grave y no nos dan muchas esperanzas -fingió, con la voz más triste que pudo.
– No se preocupe, Gonzalo. Cuide de su abuela y regrese cuando esté mejor.
– Gracias, don Nicolás.

Y volvió a la cama, dispuesto a dormir veinte horas seguidas.

A la mañana siguiente, sin prisas, después de una ducha reparadora y de un desayuno copioso, decidió que ya era un buen momento para ir a trabajar. Llegó a su puesto de trabajo alrededor de las doce y, cuando se sentaba frente al ordenador, vio salir a su abuela del despacho de don Nicolás…

El teléfono de su mesa comenzó a sonar.

– Gonzalo, por favor, venga a mi despacho…

XXXVIII

REFLEXIONES DIARIAS (XXXIV)

Julián siempre tuvo muchas dudas a la hora de elegir la profesión de su vida. Quiso estudiar Medicina, pero se desmayaba en cuanto veía un poquito de sangre. Tras ver “Los vigilantes de la playa”, quiso ser socorrista, pero fue incapaz de aprender a nadar. Pensó en recorrer el mundo y ser auxiliar de vuelo, pero en cuanto un avión despegaba, su estómago se daba la vuelta y tenía que vomitar.

Por fin, supo que había dado con la tecla. Consiguió aquel trabajo que le llenaba plenamente, donde gozaba de libertad absoluta y había un buen ambiente para demostrar sus habilidades: estilista de cadáveres.

Después de sus primeros encargos, muchos familiares se quejaron. No los entendía. Cada vez le quedaban más parecidos a su Raphael del alma…

XXXIV