REFLEXIONES DIARIAS (LXVIII)

– No sé cómo voy a salir de ésta…
– No te preocupes, verás como todo sale bien.
– No creo. Les he visto y tienen la mirada inyectada en sangre, quieren acabar conmigo.
– ¿Por qué?, ¿qué motivo tendrían?
– ¡Ninguno, lo sé! Yo no he hecho nada, pero aun así quieren mi sangre…
– No les provoques, no les des ningún motivo.
– No lo he hecho. Pero tampoco lo hicieron mis padres, ni mis hermanos, ni otros muchos amigos, y sabes muy bien cómo acabaron… Creo que es el final…

Y agachando la cerviz, el toro ponía rumbo a la plaza, donde una turba lo esperaba…

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