REFLEXIONES DIARIAS (LXV)

Se conocieron en un chat juvenil de internet y, desde hacía más de dos meses, pasaban largos ratos charlando de todo lo que se les ocurría.

Cuando su madre se acostaba y su padre se encerraba en su despacho a trabajar, lolita2005 iniciaba la conexión. 

Aquella noche, su relación virtual dio un paso más.

Lolita2005: Ya estoy acostada, ¿y tú?
Elgrangatsby: Yo también. ¿Te acuestas con pijama?
Lolita2005: Sí, uno corto, de verano.
Elgrangatsby: Déjame verlo…
Lolita2005: No, que me da vergüenza.
Elgrangatsby: Anda, y yo te enseño el mío.
Lolita2005: ¿También llevas pijama?
Elgrangatsby: No, me acuesto desnudo.
Lolita2005: ¡Jajajaja! ¡Venga! Pero lo enseñamos los dos a la vez.

A dos habitaciones de distancia, en su despacho, Elgrangatsby comenzaba a desnudarse frente a la pantalla de su ordenador.

lxv

REFLEXIONES DIARIAS (LIII)

– Papá, ¿cuándo viene mamá?
– María, mamá ha tenido que irse de viaje, pero estará aquí la semana que viene.

La pequeña María pasó la semana haciendo dibujos y dedicatorias para su madre, preparándole una gran sorpresa.

– Papá, ¿hoy viene mamá?
– Sí…, hija, creo que vendrá esta noche.
– ¡Bien! Voy a hacerle otro dibujo.

Y llegó la noche. Al día siguiente, María se despertó pronto.

– ¿Ha venido mamá?
– María…, vino esta noche pero estabas dormida. Te dio un beso y dejó estos regalos para ti. Ha tenido que marcharse otra vez…
– Jo…, ¿y cuándo viene?

El padre secaba una lágrima mientras pensaba una nueva excusa. Todavía era pronto para decirle que su madre les había abandonado.

LIII

REFLEXIONES DIARIAS (XLVII)

Desde pequeño, su padre procuró despertar en él la pasión del fútbol, pero lo que a Juan Ramírez de verdad le apasionaba era el arbitraje. Ni marcar bellos goles, ni hacer espectaculares paradas: lo que a Juan entusiasmaba era dirigir con su silbato a veintidós jugadores y ganarse su respeto.

Aquella tarde podía llegar a ser una tarde histórica. Se enfrentaban el Bollullos de Arriba contra el Bollullos de Abajo, duelo regional de máxima rivalidad, y Juan Ramírez era el encargado de dirigirlo

Todo iba sobre ruedas hasta que, en el minuto ochenta, el colegiado Ramírez sacó tarjeta amarilla al número siete de los locales.

– Siete, tarjeta amarilla por tirarse.
– ¡Pero si…!
– Ni pero ni nada. Se ha tirado simulando penalti.
– ¡Pero Juan…!
– ¡A mi me habla de usted y con respeto!
– ¡¡¡Juan!!!
– ¡Se lo ha buscado! -dijo, sacándole la tarjeta roja.
– ¡¡¡Juan!!! ¡¡¡Te vas a enterar cuando llegues a casa y se lo diga a tu madre!!!

Mientras apuntaba la tarjeta roja de Pedro Ramírez, Juan pensaba en la venganza de su padre cuando llegaran a casa…

XLVII

REFLEXIONES DIARIAS (XXXVII)

Se prometió a sí mismo que aguantaría despierto toda la noche. Era el 5 de enero, y aquel año se había portado mejor que nunca: no se había peleado con ninguno de sus hermanos, había sido obediente, e incluso había sacado un notable en matemáticas. Por eso, estaba seguro de que este año, por fin, tendría su bicicleta. Era lo único que había pedido en su carta a los Reyes Magos.

La casa estaba en completo silencio. Sus hermanos dormían plácidamente, ¡cómo eran capaces! Su madre se había acostado pronto y sólo quedaba él de guardián nocturno, dispuesto a ver cómo sus adoradas Majestades le dejaban su querida bici. Tendrían que subir cuatro pisos sin ascensor…

A las cuatro de la mañana, casi vencido por el sueño, escuchó ruidos en el salón. Saltó de la cama y, desilusionado, descubrió que era su padre, que regresaba borracho una noche más.

A la mañana siguiente, sólo las guirnaldas decoraban aquel escuálido árbol de navidad.

XXXVII

REFLEXIONES DIARIAS (XXXVI)

Cada día moría un poco más al verla conectada a aquella máquina. Aquellos tubos que permitían seguir latiendo pausadamente a su corazón, aquel sonido metálico y monocorde, aquella muerte en vida…

Su rostro seguía siendo tan angelical como siempre. Un rostro bello, virginal, un cuerpo dulce y resplandeciente de una niña de quince años a quien un maldito conductor borracho había dejado postrado en aquella fría cama de hospital.

Recordaba aquellos días tan cercanos en los que asistieron a los conciertos de sus grupos favoritos, o los chapuzones en la piscina, o sus risas en las comidas familiares… Su niña, su querida niña, su vida…

Se despidió con un suave beso en la frente. Le pareció ver una ligera sonrisa en el rostro de su hija cuando apagó aquella maldita máquina…

XXXVI

REFLEXIONES DIARIAS (XXIII)

Un grupo de niñas charlaba animosamente mientras se ensuciaban el babi de pinturas y acuarelas.

– Mi papá cura a las personas para que no estén malas – decía una.
– Pues el mío les hace casas para que estén dentro y no vivan en la calle – le contestaba la segunda.
– El mío me viene a buscar al cole y luego juega conmigo toda la tarde – dijo la tercera, mientras las demás la miraban con envidia.

 

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REFLEXIONES DIARIAS (XIII)

A Daniel siempre le había gustado vivir de forma independiente. Desde que se fue de la casa de sus padres, había gozado de la vida en solitario, haciendo de su casa su propio reino y disfrutando de sus manías y de sus silencios.

Por eso, se le cayó el alma a los pies cuando su madre le llamó para decirle que se iba a vivir con él. “No aguanto más a tu padre”, le dijo, “no se puede vivir con él, me está haciendo la vida imposible…”. Trató de convencerla con mil razones, le dijo que era solo una mala racha, que su padre cambiaría, le rogó que se lo pensara…, pero no hubo manera.

Lo peor fue cuando su padre le llamó para decirle lo mismo…

joven