REFLEXIONES DIARIAS (LXIX)

Se miraba en el espejo y veía cómo las canas comenzaban a clarear su cabello. Tendría que ir sin falta a la peluquería. Este mes había echado más horas limpiando y planchando y se lo podría permitir.

– Mamá, en el colegio nos han dicho que vamos a hacer una excursión a una granja.
– ¿Sí?, ¡qué bien!
– ¡Sí! Lo que pasa es que hay que pagar 10 €. ¿Puedo ir?
– ¿Tú quieres ir, hija?
– ¡Sí! Van todas mis amigas, por favor…
– Vale…, pues irás.

Total, se cortaría y teñiría el pelo ella misma, una vez más…

lxix

Anuncios

REFLEXIONES DIARIAS (LIII)

– Papá, ¿cuándo viene mamá?
– María, mamá ha tenido que irse de viaje, pero estará aquí la semana que viene.

La pequeña María pasó la semana haciendo dibujos y dedicatorias para su madre, preparándole una gran sorpresa.

– Papá, ¿hoy viene mamá?
– Sí…, hija, creo que vendrá esta noche.
– ¡Bien! Voy a hacerle otro dibujo.

Y llegó la noche. Al día siguiente, María se despertó pronto.

– ¿Ha venido mamá?
– María…, vino esta noche pero estabas dormida. Te dio un beso y dejó estos regalos para ti. Ha tenido que marcharse otra vez…
– Jo…, ¿y cuándo viene?

El padre secaba una lágrima mientras pensaba una nueva excusa. Todavía era pronto para decirle que su madre les había abandonado.

LIII

REFLEXIONES DIARIAS (L)

Desde que su padre falleció, su madre se encerró en una espiral de soledad y depresión de la que no conseguía escapar. A sus quince años, veía cómo su querida madre envejecía por momentos, volviéndose taciturna y silenciosa.

Por eso, decidió buscarle una cita. La dio de alta en una página de internet para encontrar pareja y, al poco tiempo, la búsqueda dio resultado. Su posible pareja afirmaba ser un hombre maduro, divertido, aficionado al deporte y a la música, y muy cariñoso.

Le sorprendió que su madre aceptara acudir a esa cita a ciegas, pero se alegró por ello. Antes de salir de casa para encontrarse con aquel desconocido, su hija le recordó lo esencial: “Te estará esperando en la barra del restaurante. Irá de negro, con una camisa color salmón”.

Cruzó los dedos, deseando que todo saliera bien, y esperó. Los descruzó cuando vio regresar a su madre acompañada de su hermano mayor, vestido de negro y con su flamante camisa color salmón.

L

REFLEXIONES DIARIAS (XXXIII)

– Camarera, por favor, ¿nos trae la cuenta?
– Camarera, otra botella de vino, por favor.
– Camarera, perdone, ¿falta mucho para nuestros platos?…

Y Ana contestaba a todos los clientes siempre con una sonrisa dibujada en su cara. Había salido de su casa a las siete de la mañana, dispuesta a servir los desayunos en la cafetería donde trabajaba, y ahora le tocaba el turno de las comidas. Después descansaría apenas una hora y cogería fuerzas para servir las cenas de la noche.

Cuando llegó a su casa, después de más de doce horas de trabajo, encontró a su marido y a su pequeña hija dormidos y acurrucados en el sofá. Junto a ellos, una nota escrita con letras infantiles sobre un fondo rosa que decía: “¡Feliz día de la madre! Te quiero mucho.”

 XXXIII).jpg

REFLEXIONES DIARIAS (XXXII)

– Mamá, en el colegio hay unos cuantos chicos que se meten conmigo.
– Bueno, hijo, seguro que son bromas de compañeros. Si te molestan, no les hagas caso y verás cómo te dejan en paz.
….
– Profesor, unos cuantos alumnos de clase se burlan de mí.
– A ver, Martínez, serán bromas sin importancia. No les hagas mucho caso y se cansarán. No le des mayor importancia.
….
– Señor Director, varios alumnos de clase se meten conmigo, me molestan y no sé qué hacer.
– Martínez, ya tienes una edad en la que tienes que tener más aguante. Seguro que son bromas sin importancia. Gástales tú a ellos alguna de vez en cuando…

Al día siguiente, dejó una nota sobre su escritorio dirigida a su madre, a su profesor y a su director: “Gracias por vuestra ayuda”. Cogió el fusil y las balas que había comprado por internet y se dirigió a su último día de clase.

XXXII

REFLEXIONES DIARIAS (XXIII)

Un grupo de niñas charlaba animosamente mientras se ensuciaban el babi de pinturas y acuarelas.

– Mi papá cura a las personas para que no estén malas – decía una.
– Pues el mío les hace casas para que estén dentro y no vivan en la calle – le contestaba la segunda.
– El mío me viene a buscar al cole y luego juega conmigo toda la tarde – dijo la tercera, mientras las demás la miraban con envidia.

 

La imagen puede contener: una o varias personas

REFLEXIONES DIARIAS (XIII)

A Daniel siempre le había gustado vivir de forma independiente. Desde que se fue de la casa de sus padres, había gozado de la vida en solitario, haciendo de su casa su propio reino y disfrutando de sus manías y de sus silencios.

Por eso, se le cayó el alma a los pies cuando su madre le llamó para decirle que se iba a vivir con él. “No aguanto más a tu padre”, le dijo, “no se puede vivir con él, me está haciendo la vida imposible…”. Trató de convencerla con mil razones, le dijo que era solo una mala racha, que su padre cambiaría, le rogó que se lo pensara…, pero no hubo manera.

Lo peor fue cuando su padre le llamó para decirle lo mismo…

joven