REFLEXIONES DIARIAS (LXIX)

Se miraba en el espejo y veía cómo las canas comenzaban a clarear su cabello. Tendría que ir sin falta a la peluquería. Este mes había echado más horas limpiando y planchando y se lo podría permitir.

– Mamá, en el colegio nos han dicho que vamos a hacer una excursión a una granja.
– ¿Sí?, ¡qué bien!
– ¡Sí! Lo que pasa es que hay que pagar 10 €. ¿Puedo ir?
– ¿Tú quieres ir, hija?
– ¡Sí! Van todas mis amigas, por favor…
– Vale…, pues irás.

Total, se cortaría y teñiría el pelo ella misma, una vez más…

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REFLEXIONES DIARIAS (LXV)

Se conocieron en un chat juvenil de internet y, desde hacía más de dos meses, pasaban largos ratos charlando de todo lo que se les ocurría.

Cuando su madre se acostaba y su padre se encerraba en su despacho a trabajar, lolita2005 iniciaba la conexión. 

Aquella noche, su relación virtual dio un paso más.

Lolita2005: Ya estoy acostada, ¿y tú?
Elgrangatsby: Yo también. ¿Te acuestas con pijama?
Lolita2005: Sí, uno corto, de verano.
Elgrangatsby: Déjame verlo…
Lolita2005: No, que me da vergüenza.
Elgrangatsby: Anda, y yo te enseño el mío.
Lolita2005: ¿También llevas pijama?
Elgrangatsby: No, me acuesto desnudo.
Lolita2005: ¡Jajajaja! ¡Venga! Pero lo enseñamos los dos a la vez.

A dos habitaciones de distancia, en su despacho, Elgrangatsby comenzaba a desnudarse frente a la pantalla de su ordenador.

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REFLEXIONES DIARIAS (LIII)

– Papá, ¿cuándo viene mamá?
– María, mamá ha tenido que irse de viaje, pero estará aquí la semana que viene.

La pequeña María pasó la semana haciendo dibujos y dedicatorias para su madre, preparándole una gran sorpresa.

– Papá, ¿hoy viene mamá?
– Sí…, hija, creo que vendrá esta noche.
– ¡Bien! Voy a hacerle otro dibujo.

Y llegó la noche. Al día siguiente, María se despertó pronto.

– ¿Ha venido mamá?
– María…, vino esta noche pero estabas dormida. Te dio un beso y dejó estos regalos para ti. Ha tenido que marcharse otra vez…
– Jo…, ¿y cuándo viene?

El padre secaba una lágrima mientras pensaba una nueva excusa. Todavía era pronto para decirle que su madre les había abandonado.

LIII

REFLEXIONES DIARIAS (XXXIX)

Él siempre era el primero en reír ese tipo de bromas machistas, o en hacerlas si se daba la ocasión. Frases como “Las mujeres no saben conducir”, “Mejor, en la cocina” o “Si es que van provocando”, eran habituales entre sus grupos de amigos, frases que siempre acababan con risotadas, palmadas en la espalda y brindis de cervezas.

No le hizo tanta gracia cuando su hija regresó del colegio llorando desconsolada. Un compañero de clase le había tocado los pechos porque “iba provocando”…

XXXIX

REFLEXIONES DIARIAS (XXXVI)

Cada día moría un poco más al verla conectada a aquella máquina. Aquellos tubos que permitían seguir latiendo pausadamente a su corazón, aquel sonido metálico y monocorde, aquella muerte en vida…

Su rostro seguía siendo tan angelical como siempre. Un rostro bello, virginal, un cuerpo dulce y resplandeciente de una niña de quince años a quien un maldito conductor borracho había dejado postrado en aquella fría cama de hospital.

Recordaba aquellos días tan cercanos en los que asistieron a los conciertos de sus grupos favoritos, o los chapuzones en la piscina, o sus risas en las comidas familiares… Su niña, su querida niña, su vida…

Se despidió con un suave beso en la frente. Le pareció ver una ligera sonrisa en el rostro de su hija cuando apagó aquella maldita máquina…

XXXVI

REFLEXIONES DIARIAS (XXXIII)

– Camarera, por favor, ¿nos trae la cuenta?
– Camarera, otra botella de vino, por favor.
– Camarera, perdone, ¿falta mucho para nuestros platos?…

Y Ana contestaba a todos los clientes siempre con una sonrisa dibujada en su cara. Había salido de su casa a las siete de la mañana, dispuesta a servir los desayunos en la cafetería donde trabajaba, y ahora le tocaba el turno de las comidas. Después descansaría apenas una hora y cogería fuerzas para servir las cenas de la noche.

Cuando llegó a su casa, después de más de doce horas de trabajo, encontró a su marido y a su pequeña hija dormidos y acurrucados en el sofá. Junto a ellos, una nota escrita con letras infantiles sobre un fondo rosa que decía: “¡Feliz día de la madre! Te quiero mucho.”

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REFLEXIONES DIARIAS (XXIII)

Un grupo de niñas charlaba animosamente mientras se ensuciaban el babi de pinturas y acuarelas.

– Mi papá cura a las personas para que no estén malas – decía una.
– Pues el mío les hace casas para que estén dentro y no vivan en la calle – le contestaba la segunda.
– El mío me viene a buscar al cole y luego juega conmigo toda la tarde – dijo la tercera, mientras las demás la miraban con envidia.

 

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