REFLEXIONES DIARIAS (LXVIII)

– No sé cómo voy a salir de ésta…
– No te preocupes, verás como todo sale bien.
– No creo. Les he visto y tienen la mirada inyectada en sangre, quieren acabar conmigo.
– ¿Por qué?, ¿qué motivo tendrían?
– ¡Ninguno, lo sé! Yo no he hecho nada, pero aun así quieren mi sangre…
– No les provoques, no les des ningún motivo.
– No lo he hecho. Pero tampoco lo hicieron mis padres, ni mis hermanos, ni otros muchos amigos, y sabes muy bien cómo acabaron… Creo que es el final…

Y agachando la cerviz, el toro ponía rumbo a la plaza, donde una turba lo esperaba…

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REFLEXIONES DIARIAS (XXI)

Julián había cumplido veinticinco años de servicios ininterrumpidos en su empresa, y sus compañeros y jefes decidieron hacerle una fiesta sorpresa. La encargada de la organización fue Marifé, su secretaría y esposa desde hacía más de veinte años.

Contactó con antiguos compañeros que prometieron su asistencia, empleados que habían abandonado la empresa pero que guardaban gratos recuerdos de su ex jefe, compró un reloj y una placa conmemorativa y, sobre todo, supo guardar la sorpresa hasta el momento final.

Mientras Julián se encerraba en su despacho, envuelto en sus quehaceres diarios, el resto de la oficina se agolpaba tras la puerta, en absoluto silencio.

– ¡¡¡Sorpresa!!! – gritaron todos al entrar en el despacho.

A Marifé se le cayó la tarta, el reloj y la placa, cuando vio a la becaria sentada a horcajadas sobre su marido…

 

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