REFLEXIONES DIARIAS (LXXI)

– ¡Al suelo todo el mundo! ¡Esto es un atraco!

Las diez personas, entre empleados y clientes, que se encontraban aquella mañana en el banco miraron con estupor a aquel hombre ya maduro que sostenía entre sus manos una pequeña tablet.

– ¡Tú, llena está bolsa con todos los billetes de la caja! -gritó a una de las empleadas.

El guardia de seguridad pareció reaccionar y se acercó tímidamente al atracador.

– Como dé un paso más, aprieto este botón -amenazó aquel hombre.

– ¿Tiene… una bomba…? -preguntó, asustado.

– Mucho peor… He sincronizado los altavoces del banco con Spotify y tengo preparadas seis horas de canciones, empezando por “Despacito”, “La rompecorazones” y “Súbeme la radio”, y acabando con “Reggaeton lento”, “Tú eres mi mami” y “Dámelo todo”.

– ¡No, por favor! -gritó la empleada, llenando rápidamente la bolsa de billetes…

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REFLEXIONES DIARIAS (LXX)

– Venga, dame tu merienda.
– No… quiero…
– ¡Que me la des! 

Y Jaime se quedó, un día más, sin merienda y con un doloroso bofetón en la cara. El matón de Manuel Hernández volvía a hacer de las suyas, sembrando el pánico entre los alumnos de sexto. Unos días era la merienda, otros días era el dinero, el estuche recién comprado, el bolígrafo de cuatro colores…

Habían pasado veinte años y Jaime todavía recordaba aquellos tensos días de escuela. Veinte años en los que las cosas habían cambiado. Ahora, Manuel Hernández ya no se dedicaba a robarle la merienda; ahora, mañana tras mañana, Manuel Hernández le pedía, por favor, que le comprara unos pañuelos de papel en el semáforo de la esquina.

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REFLEXIONES DIARIAS (LXIX)

Se miraba en el espejo y veía cómo las canas comenzaban a clarear su cabello. Tendría que ir sin falta a la peluquería. Este mes había echado más horas limpiando y planchando y se lo podría permitir.

– Mamá, en el colegio nos han dicho que vamos a hacer una excursión a una granja.
– ¿Sí?, ¡qué bien!
– ¡Sí! Lo que pasa es que hay que pagar 10 €. ¿Puedo ir?
– ¿Tú quieres ir, hija?
– ¡Sí! Van todas mis amigas, por favor…
– Vale…, pues irás.

Total, se cortaría y teñiría el pelo ella misma, una vez más…

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REFLEXIONES DIARIAS (LXVIII)

– No sé cómo voy a salir de ésta…
– No te preocupes, verás como todo sale bien.
– No creo. Les he visto y tienen la mirada inyectada en sangre, quieren acabar conmigo.
– ¿Por qué?, ¿qué motivo tendrían?
– ¡Ninguno, lo sé! Yo no he hecho nada, pero aun así quieren mi sangre…
– No les provoques, no les des ningún motivo.
– No lo he hecho. Pero tampoco lo hicieron mis padres, ni mis hermanos, ni otros muchos amigos, y sabes muy bien cómo acabaron… Creo que es el final…

Y agachando la cerviz, el toro ponía rumbo a la plaza, donde una turba lo esperaba…

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REFLEXIONES DIARIAS (LXVII)

La paremiología es la ciencia que trata sobre los refranes y proverbios, y Alberto Planas era su principal representante. Era el fundador (y único miembro) de la Asociación de Paremiología Española, y lo llevaba con mucho orgullo.

– Buenos días, don Alberto. ¿Lo de siempre?
– A buen entendedor, con pocas palabras basta.

Y se marchaba de la tienda con sus dos barras de pan.

En su trabajo no tenía ningún problema con esta afición. Era profesor de Lengua y sus alumnos estaban acostumbrados a frases del tipo “Martínez, no diga nada si lo que va a decir no es más hermoso que el silencio”, o “Ramírez, si una persona le llama elefante, no le haga caso; si se lo dicen cien, mírese al espejo”, frases que dejaban a sus alumnos de una pieza.

En su vida sentimental, no todo era tan sencillo. Todavía recuerda la conversación que mantuvo con su exmujer:

– Alberto, tenemos que hablar.
– María, dos no discuten si uno no quiere.
– ¡Basta! ¡No lo aguanto más!
– La paciencia es la madre de la ciencia…
– ¡Vete a la mierda! ¡Te he puesto los cuernos con el vecino, para que te enteres!
– Quien promete amor eterno, desconoce los cuernos…

Desde aquel día estaba sólo y con un continuo dolor en la entrepierna.

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REFLEXIONES DIARIAS (LXVI)

Un año entero preparándose las oposiciones para que, a la hora de la verdad, le traicionaran los nervios.

La prueba de matemáticas no le había salido del todo mal, y en literatura había conseguido defender decentemente la evolución del teatro de posguerra. Pero donde había patinado había sido en física y, sobre todo, en inglés. ¡Escuchar una grabación durante 10 minutos, preparar un resumen de quinientas palabras, exposición oral durante diez minutos! No estaba preparada para una prueba tan difícil.

Sinceramente, los López se habían pasado con las preguntas de la oposición. ¡Total, si era para limpiar y planchar tres o cuatro horas a la semana!

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REFLEXIONES DIARIAS (LXV)

Se conocieron en un chat juvenil de internet y, desde hacía más de dos meses, pasaban largos ratos charlando de todo lo que se les ocurría.

Cuando su madre se acostaba y su padre se encerraba en su despacho a trabajar, lolita2005 iniciaba la conexión. 

Aquella noche, su relación virtual dio un paso más.

Lolita2005: Ya estoy acostada, ¿y tú?
Elgrangatsby: Yo también. ¿Te acuestas con pijama?
Lolita2005: Sí, uno corto, de verano.
Elgrangatsby: Déjame verlo…
Lolita2005: No, que me da vergüenza.
Elgrangatsby: Anda, y yo te enseño el mío.
Lolita2005: ¿También llevas pijama?
Elgrangatsby: No, me acuesto desnudo.
Lolita2005: ¡Jajajaja! ¡Venga! Pero lo enseñamos los dos a la vez.

A dos habitaciones de distancia, en su despacho, Elgrangatsby comenzaba a desnudarse frente a la pantalla de su ordenador.

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