HISTORIAS DE MÁS (VIII)

Los nervios a flor de piel, litros y litros de café corriendo por sus venas, sudores fríos… Cuando leyó aquel examen, el mundo se paró y todo le dio vueltas. “El teatro español desde 1939 hasta la actualidad”… ¿Se podía ser más cruel? Podía haber elegido la Generación del 27, incluso el Modernismo y las Vanguardias, pero aquel maldito profesor se las había dado de duro y había rebuscado la pregunta más enrevesada de todas.

Ahora tocaba pensar con calma. Reflexionar, tomarse el tiempo necesario, respirar…, y tratar de localizar la chuleta en la que aparecía este tema. No iba a ser fácil.

Los minutos pasaban, y con ellos sus esperanzas de aprobar. “¿El teatro desde 1939? ¿Ése era el de García Lorca, o eso era la poesía…?” La verdad es que no tenía ni idea. Estaba claro que el plan A no iba a funcionar, por lo que había que poner en marcha el plan B.

– Profesor…, no me encuentro nada bien…, creo que voy a vomitar…
– ¡Martínez! ¡Aquí no! -gritó el profesor, enfurecido.
– Lo siento, profesor… ¿Podría ir al baño urgentemente?
– ¿En mitad de un examen? Sabe usted que no es posible.
– No llevo nada encima, se lo prometo. Si quiere, puede acompañarme algún otro profesor. De verdad…, no me aguanto…
– Está bien… Señor López, ¿podría acompañar a este joven al baño? -pidió al becario auxiliar.

Y así fue cómo me encontré en los baños de aquel viejo instituto que tanto conocía. Como le prometí al profesor, no llevaba nada encima. Se lo aseguré al becario, dando la vuelta a los bolsillos de mi pantalón y quitándome la chaqueta, con lo que quedó absolutamente convencido.

Entré en el baño, con mi mejor cara descompuesta, y cerré la puerta. Con cuidado, levanté la tapa de la cisterna y allí estaban, tal y como los había dejado: mis apuntes sobre el teatro desde 1939. Me empapé bien de ellos, al tiempo que simulaba las más convincentes arcadas que un becario pudiera imaginar.

Cuando salí, me dispuse a realizar uno de los mejores exámenes de mis últimos años.

estudiante

Anuncios

HISTORIAS DE MÁS (VII)

El taxista juró que se vengaría. Aquel maldito borracho no sólo había vomitado sobre los asientos traserosde su taxi, sino que se había marchado corriendo sin pagar la carrera. ¡25 €!

Una semana después, volvió a recorrer las calles de Malasaña, pasando por los mismos lugares en los que había estado el viernes anterior. Rechazó clientes, parejas que alargaban ansiosamente las manos ante la luz verde de su vehículo y que le gritaban de todo cuando él pasaba de largo. Pero no quería a esos clientes. Buscaba a “su” cliente.

Y, por fin, le vio. Alrededor de las tres de la mañana, el mismo borracho salía de un garito alegremente iluminado, y supo que había llegado su momento. Circuló muy lentamente por la calle hasta llegar a su altura. Paró a su lado justo cuando el borracho levantaba su mano, y entró en el taxi.

– Buenas noches. A la calle Fuente Carrantona.
– Enseguida -Y puso el taxímetro en marcha.

Al llegar al primer semáforo en rojo, el taxista se giró hacia el pasajero y espolvoreó su rostro con un líquido incoloro. Casi de forma instantánea, el borracho cayó dormido. “El cloroformo hace milagros”, pensó.

Pasaron las horas y los kilómetros. Cuando aquel borracho se despertó, no supo dónde se encontraba. Le dolía la cabeza, como si una enorme resaca estuviera taladrándole la sien. Miró en sus bolsillos, pero no había nada, ni móvil, ni dinero, ni tarjetas…, nada. Anduvo unos metros hasta que encontró una señal: “Barrio de las 3.000 viviendas – Sevilla”. Cuando se giró, vio a seis o siete jóvenes que le miraban con ojos penetrantes…

taxi

HISTORIAS DE MÁS (VI)

Tres semanas de expulsión, una charla con el director en presencia de mis padres, y unas disculpas públicas al resto de mis compañeros. Me pareció un precio muy bajo a pagar por haberle roto tres vértebras a Vallejo y provocado una rotura de cúbito a Martínez.

Cuando llegué a este instituto, las burlas y los insultos iban desde los poco elaborados y tradicionales (gordo, ballena, foca), a los más esmerados (¡tú no eres gordo, es que tienes problemas de crecimiento… a lo ancho!),

Cuando Vallejo me llamó “bola de sebo” en el gimnasio, me lo tomé con calma. Cogí aquel balón medicinal y, mientras reía sus gracias con los demás, se lo estampé en aquella cabezota rubia y rizada. Los gritos se debieron oír hasta en el despacho del director, pero más se oyeron los lamentos de Martínez, cuando vino gritándome e insultándome como un energúmeno y le partí la barra del salto de altura en su brazo derecho.

Después de aquello, mis padres me compraron la nueva Play Station y me invitaron a cenar a mi restaurante favorito. Además, cuando regresé a la escuela después del castigo, a ningún compañero se le ocurrió hacer la más mínima broma, e incluso comprobé que me aceptaban mucho mejor que antes.

En fin, que la vida vuelve a sonreír. Por cierto, Vallejo y Martínez todavía están en el hospital…

alumnos

HISTORIAS DE MÁS (V)

  • ¡Hola! ¿Qué tal estás? (Lo que quiero es que te fijes en mí).
  • ¡Hola! Bien, ¿y tú? (Pareces majo, pero no eres mi tipo).
  • Bien… Oye, ¿te apetece tomar algo esta tarde después de las clases? (Quiero quedar contigo hoy, mañana y siempre).
  • Pues…, no lo sé…, tengo mucho que estudiar. (No me apetece nada, a ver cómo se lo digo).
  • Bah, por eso no te preocupes. Si quieres, te ayudo y te paso mis apuntes. (Te daría mis apuntes, mi cuerpo y mi corazón).
  • Bueno, no sé si podré… Luego te lo digo, si eso. (Puedes esperar tranquilo…).
  • Vale, pues te espero en la cafetería sobre las siete (Estaré a las seis, por si te adelantas).
  • Vale, pues luego hablamos (Ni de coña…).
  • Hasta luego (¡¡¡Síiiiiiii!!!)

jóvenes

HISTORIAS DE MÁS (IV)

– Jaime, ¿quieres ganarte un dinerito extra en estas navidades?
– ¡Claro!, eso ni se pregunta…
– Me han hablado de un sitio en el que están buscando Reyes Magos para estas fechas. Y pagan muy bien, 500 euros por cada tarde de trabajo.
– ¡Genial! Dime dónde es, que voy ahora mismo.

Con el teléfono entre las manos, Jaime no perdió tiempo en concertar una cita, a la que acudió esa misma tarde.

– Buenas tardes, vengo por el trabajo de Rey Mago.
– Muy bien. Es un trabajo sencillo, como verás, aunque pedimos una serie de requisitos: altura mínima de 1,80 m., buena presencia, algunas nociones de baile, don de gentes…, ah, y ausencia de tatuajes.
– Creo que…, bien…, creo que cumplo los requisitos –contestó, un tanto extrañado.
– Perfecto. Te esperamos el día 4 a las cinco de la tarde.
– Muchas gracias. ¿Dónde debo recoger el traje? ¿Aquí mismo?
– ¿El traje…? ¡Qué gracioso! Anda, preséntate en esta dirección.

Cuando recibió la tarjeta, lo entendió todo: “Club Nudista LOS REYES MAJOS”.

26219351_10156309997652079_1115653252323981984_n

HISTORIAS DE MÁS (III)

– Tengo más de 1.100 amigos en Facebook, 800 seguidores en Instagram, más de 900 en Twitter, 350 personas que me siguen en mi canal de Youtube… ¿Soy o no soy popular?
– …..
– ¡Respóndeme! ¿Soy o no soy popular?
– …..
– ¡¡¡SOY MUY POPULAR!!!

El espejo reflejaba aquel rostro iracundo, mientras una lágrima mojaba el lavabo.

Era su treinta cumpleaños y lo celebraría sola, sentada frente al televisor y con el ordenador apagado.

26169626_10156308233637079_7571917618012641467_n

HISTORIAS DE MÁS (II)

– Ya está, Juan, guárdalo en la caja.

Mi casa era la única en la que los Reyes Magos duraban cuarenta y ocho horas, justo hasta que mis padres devolvían los regalos y recuperaban el dinero. De esta forma, pronto aprendí que los Reyes ni eran tan magos ni tan generosos como aparecían en las películas, ni tan benévolos como los de mis amigos. Mis Reyes eran especiales: cutres, rácanos y temporales.

Durante mi infancia, disfrutaba durante cuarenta y ocho horas de coches teledirigidos, juegos de construcción, consolas…, a los que trataba de sacar todo el jugo posible, sabiendo que su final estaba muy cerca.

Ahora, cuarenta años después, padre de dos niñas pequeñas, cuando disfruto realmente de los Reyes Magos es el 9 de enero.

– Ya está, María, guárdalo en la caja…, y mañana volveremos a jugar.

26239621_10156305113972079_3166835522365105426_n