REFLEXIONES DIARIAS (LXII)

Después de más de cincuenta años de matrimonio, continuaban paseando de la mano por la calle, como una pareja de jóvenes enamorados. Y es que así era como se sentían.

Todas las mañanas se despertaban con un beso y con cada caricia sentían el mismo placer que cuando eran jóvenes.

En todo este tiempo, no habían estado separados jamás. Ninguna dificultad había conseguido enfrentarlos, ninguna adversidad había hecho mella en su amor.

Es cierto que, en ocasiones, ella no recordaba quién era aquel señor tan agradable, pero eso a él no le importaba…

lxii

 

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