REFLEXIONES DIARIAS (LXI)

Frente al espejo, ensayaba seriamente su declaración: “Eres la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida. Alicia, ¿quieres casarte conmigo?”. Incluso se había vestido con su mejor traje, había elegido la corbata más elegante y lucía la mejor de sus sonrisas.

Llevaban poco tiempo juntos, pero Juan necesitaba que la relación diera un paso más allá, necesitaba un compromiso por parte de Alicia y sentir que los dos deseaban seguir el mismo camino.

Minutos antes de las cinco de la tarde, Juan esperaba en su coche frente al trabajo de Alicia. Quería darle una sorpresa y, de hecho, le había asegurado que no podrían quedar, que le había surgido un viaje repentino e inaplazable… En el bolsillo, junto al móvil, una pequeña cajita guardaba el anillo de oro, y un ramo de rosas rojas descansaba sobre el salpicadero.

“Beep, beep, beep…”. La pantalla del móvil se iluminó con un escueto mensaje de texto: “Juan, lo siento, quiero que lo dejemos”.

lxi

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