REFLEXIONES DIARIAS (XLVII)

Desde pequeño, su padre procuró despertar en él la pasión del fútbol, pero lo que a Juan Ramírez de verdad le apasionaba era el arbitraje. Ni marcar bellos goles, ni hacer espectaculares paradas: lo que a Juan entusiasmaba era dirigir con su silbato a veintidós jugadores y ganarse su respeto.

Aquella tarde podía llegar a ser una tarde histórica. Se enfrentaban el Bollullos de Arriba contra el Bollullos de Abajo, duelo regional de máxima rivalidad, y Juan Ramírez era el encargado de dirigirlo

Todo iba sobre ruedas hasta que, en el minuto ochenta, el colegiado Ramírez sacó tarjeta amarilla al número siete de los locales.

– Siete, tarjeta amarilla por tirarse.
– ¡Pero si…!
– Ni pero ni nada. Se ha tirado simulando penalti.
– ¡Pero Juan…!
– ¡A mi me habla de usted y con respeto!
– ¡¡¡Juan!!!
– ¡Se lo ha buscado! -dijo, sacándole la tarjeta roja.
– ¡¡¡Juan!!! ¡¡¡Te vas a enterar cuando llegues a casa y se lo diga a tu madre!!!

Mientras apuntaba la tarjeta roja de Pedro Ramírez, Juan pensaba en la venganza de su padre cuando llegaran a casa…

XLVII

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