REFLEXIONES DIARIAS (XLVI)

Sus miradas se encontraron en aquel autobús abarrotado de gente. Dos desconocidos separados por más de cinco metros y quince personas, dos desconocidos para quienes no existía ni el tiempo ni el espacio.

Él se fue aproximando lentamente, esquivando a unos y empujando a otros, mientras ella permanecía quieta, serena e impaciente a la vez, fijos sus ojos verdes en los ojos negros de aquel hombre.

Apenas unos centímetros entre ellos, sus respiraciones agitadas se entremezclaban, sus corazones latían a la par. Los labios femeninos se posaron en los masculinos, sus lenguas se buscaron con desesperación y el mundo desapareció a su alrededor.

Quizás fueron unos pocos segundos, quizás fueron horas, quizás fue la eternidad… Al separar sus labios, la puerta del autobús se abrió. La mujer descendió lentamente, sin mirar atrás…

XLVI

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