REFLEXIONES DIARIAS (XLIX)

Sonrió ante el espejo disfrutando de su imagen. Peinó aquellos cabellos que comenzaban a blanquear y se pintó los labios con delicadeza, suavemente.

Sobre la mesa, velas rojas alumbraban tenuemente el salón, decorado con gusto y estilo para la ocasión. Frente al asiento de su marido, una pequeña cajita guardaba lo que esperaba que fuera una agradable sorpresa, un reloj con la imagen de los dos en el día de su boda.

Todo estaba preparado, todo dispuesto para celebrar un aniversario especial e inolvidable.

Contempló una vez más su vestido nuevo y miró la hora, su marido debía estar a punto de llegar.

Al fin, escuchó cómo la puerta se abría y la voz ronca de su marido:

– ¡María, saca unas cervezas! ¡He venido con Juan a ver el partido!

 

XLIX

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