REFLEXIONES DIARIAS (LVI)

Como cada martes, Javier salió disparado del instituto hacia la parada del autobús, sin detenerse en despedidas, saludos o bromas de los compañeros. Al llegar a la parada, comprobó desolado que su autobús se acababa de marchar y que el próximo no llegaría hasta quince minutos después.

Sin pensárselo dos veces, se colgó la mochila en la espalda y corrió hacia la boca de metro más cercana. Llegó y consultó la hora: las cinco y media, todavía tenía tiempo suficiente.

Seis paradas de metro, un transbordo y tres paradas más hasta llegar a la estación de cercanías, donde tomaría un nuevo tren hasta su destino final.

Al bajarse del tren, comprobó de nuevo la hora: las seis y diez. ¡No le iba a dar tiempo!

Corrió desesperadamente, esquivando personas, motos y coches, hasta que, finalmente, llegó a su destino. Las puertas de la academia de baile se abrieron en esos momentos y las alumnas comenzaron a salir.

Y la vio. Sus miradas se cruzaron y ella le respondió con una sonrisa mientras se adentraba en el coche de sus padres.

LVI

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s