REFLEXIONES DIARIAS (LIV)

Cuando era pequeña, Julia tenía un hermano imaginario al que colmaba de atenciones. Le preparaba pequeños desayunos y le reservaba los mejores manjares en la comida.

Ya en la adolescencia, comenzó teniendo temporales novios imaginarios, los cuales nunca asistían a las fiestas con los demás amigos porque siempre estaban de viaje, o se encontraban enfermos o, lamentablemente, habían cortado la relación en los días anteriores.

A los treinta años celebró en secreto una boda imaginaria y contrajo matrimonio con un esposo imaginario. Disfrutó de una luna de miel imaginaria y tuvo dos hijos imaginarios. Nadie pudo conocer jamás ni a su marido ni a sus hijos, porque, como ella misma explicaba, se marcharon a estudiar al extranjero y su marido estaba continuamente de viaje.

A los cincuenta años se convirtió en viuda imaginaria, por culpa de un desgraciado e imaginario accidente de avión en el que viajaba su marido.

A los setenta años le visitó la única compañera real de su vida: la muerte.

LIV

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