REFLEXIONES DIARIAS (XXXVIII)

Gonzalo se despertó aquella mañana con una resaca increíble. “No vuelvo a salir un martes”, se prometió a sí mismo, consciente de la fragilidad de su fuerza de voluntad. Medio despierto, llamó al trabajo y preguntó por su jefe.

– Don Nicolás, estoy ahora mismo en el hospital. Acaban de ingresar a mi abuela. Tiene una insuficiencia grave y no nos dan muchas esperanzas -fingió, con la voz más triste que pudo.
– No se preocupe, Gonzalo. Cuide de su abuela y regrese cuando esté mejor.
– Gracias, don Nicolás.

Y volvió a la cama, dispuesto a dormir veinte horas seguidas.

A la mañana siguiente, sin prisas, después de una ducha reparadora y de un desayuno copioso, decidió que ya era un buen momento para ir a trabajar. Llegó a su puesto de trabajo alrededor de las doce y, cuando se sentaba frente al ordenador, vio salir a su abuela del despacho de don Nicolás…

El teléfono de su mesa comenzó a sonar.

– Gonzalo, por favor, venga a mi despacho…

XXXVIII

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s