REFLEXIONES DIARIAS (XXXV)

– ¡Estoy hasta las narices! ¿Es que en esta casa no se puede descansar en paz ni un minuto?

La mujer y los niños guardaban silencio absoluto y contenían la respiración, hasta que el padre se marchaba dando un portazo que hacía temblar los cristales del salón.

De camino hacia su trabajo, los atascos no hacían más que aumentar su mal humor.

– ¡No tienes ni puta idea de conducir! -gritaba cada dos por tres.

Después de varias discusiones, insultos, gritos y pseudopeleas, aquel hombre llegó finalmente a su trabajo, donde, durante las dos horas siguientes, arrancaría las sonrisas y aplausos de niños y mayores como “El Gran Payaso Félix”.

XXXV

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