REFLEXIONES DIARIAS (XXXIV)

Julián siempre tuvo muchas dudas a la hora de elegir la profesión de su vida. Quiso estudiar Medicina, pero se desmayaba en cuanto veía un poquito de sangre. Tras ver “Los vigilantes de la playa”, quiso ser socorrista, pero fue incapaz de aprender a nadar. Pensó en recorrer el mundo y ser auxiliar de vuelo, pero en cuanto un avión despegaba, su estómago se daba la vuelta y tenía que vomitar.

Por fin, supo que había dado con la tecla. Consiguió aquel trabajo que le llenaba plenamente, donde gozaba de libertad absoluta y había un buen ambiente para demostrar sus habilidades: estilista de cadáveres.

Después de sus primeros encargos, muchos familiares se quejaron. No los entendía. Cada vez le quedaban más parecidos a su Raphael del alma…

XXXIV

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