REFLEXIONES DIARIAS (XXXIII)

– Camarera, por favor, ¿nos trae la cuenta?
– Camarera, otra botella de vino, por favor.
– Camarera, perdone, ¿falta mucho para nuestros platos?…

Y Ana contestaba a todos los clientes siempre con una sonrisa dibujada en su cara. Había salido de su casa a las siete de la mañana, dispuesta a servir los desayunos en la cafetería donde trabajaba, y ahora le tocaba el turno de las comidas. Después descansaría apenas una hora y cogería fuerzas para servir las cenas de la noche.

Cuando llegó a su casa, después de más de doce horas de trabajo, encontró a su marido y a su pequeña hija dormidos y acurrucados en el sofá. Junto a ellos, una nota escrita con letras infantiles sobre un fondo rosa que decía: “¡Feliz día de la madre! Te quiero mucho.”

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