REFLEXIONES DIARIAS (XXVIII)

A la mañana del tercer día, aquellos jóvenes despertaron con los cuerpos cansados y comenzaron a recoger sus pertenencias. En sus rostros se dejaba ver la falta de sueño, pero también la alegría por los buenos momentos pasados en aquel inmenso salón y en aquellas habitaciones.

Allí estaba María, un tanto demacrada y pesarosa, o Sandra, la bibliotecaria, que había acostumbrado a su cuerpo a dormir tan sólo unos minutos, o José, con su perenne copa de vino en la mano, o Lola, cantante en sus ratos libres y bailarina a tiempo completo. El sueco Lundgren recogía los balones de voley, mientras Cristiano preparaba el último mojito y Nuria lo probaba.

Besos, abrazos, promesas de repetirlo…, nunca las despedidas fueron tan odiosas. Mientras, en un rincón alejado de la cocina, el hipster dormitaba abrazado a la botella de ron…

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