REFLEXIONES DIARIAS (XXVII)

Cada miércoles por la tarde, aquella pareja reservaba una habitación en el hostal Amores, dando rienda suelta a los sentimientos que habían quedado retenidos durante la última semana.

Las horas se convertían en minutos, los minutos en segundos y los segundos en suspiros.

Pasadas tres horas, de la habitación 309 salía una mujer sonriente y satisfecha, mientras, en el interior, el hombre se colocaba el alzacuellos ante el espejo.

XXVII

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