REFLEXIONES DIARIAS (XXIV)

Cada mañana despertaba bañado en sudor, con los restos de la pesadilla aún invadiendo sus pensamientos. Cada mañana volvía a revivir aquellos malditos minutos en los que sus manos cobraron vida propia y acabaron con la vida de su familia. Cada mañana su corazón se aceleraba y no regresaba a la normalidad hasta que finalizaba el recuento en la prisión.

 

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