REFLEXIONES DIARIAS (XXII)

Pedro se había ganado la fama de ser el camionero más rudo, trabajador y juerguista de toda Extremadura. No había servicio que se le resistiera ni club o bar de carretera donde no le conocieran.

Había estado casado tres veces, y todas sus ex parejas coincidían en señalar que nunca le habían llegado a conocer del todo, que tras sus ausencias interminables volvía un ser diferente, a quien sólo el paso de los días le transformaban de nuevo en Pedro, el camionero.

A su entierro acudieron todos sus familiares y amigos, compañeros de trabajo y de correrías. Nadie se percató de la presencia de aquel joven treintañero con el que había gozado de tantas y tantas noches de hotel…

 

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