REFLEXIONES DIARIAS (XVIII)

Su expediente era absolutamente inmaculado. Repleto de sobresalientes, matrículas de honor, menciones especiales…, siempre había sido un estudiante modélico. Destacó desde sus inicios, tanto en la educación primaria como en la secundaria, y se afianzó aún más en los estudios universitarios, cuando optó por matricularse en Ingeniería Industrial y, año tras año, era felicitado por sus profesores y compañeros. Además, por si esto fuera poco, dominaba fluidamente tres idiomas.

 

Por ello, no podía entender que le fuera tan difícil encontrar trabajo. Llevaba dos años deambulando de entrevista en entrevista, enviando cientos de currículum y cartas de presentación, pero, hasta el momento, nada había dado resultado.

Se miraba en el espejo y veía un ingeniero competente, deseoso de demostrar su valía. Lamentablemente, otros sólo veían un negro.

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