REFLEXIONES DIARIAS (XVII)

Cuando se reunieron para celebrar los dieciocho años de su graduación, los integrantes del afamado curso 1989-1990 comprobaron que los años no habían pasado en balde o, al menos, no de la misma forma para todos. Calvicies más o menos consolidadas, barrigas cerveceras, canas que triunfaban entre aquellos cabellos que un día fueron oscuros…

 

Allí estaba Fermín, el listo de la clase, el de las mejores notas, hoy trabajando de reponedor en unos grandes almacenes; y Marichu, tan elegante como siempre, aunque arruinada por completo; y, cómo no, también estaba Mateo, el juerguista de la clase, el bromista, el que no paraba de meterse con el pobre Maroto, y que hoy trabajaba de comercial para una funeraria. Tampoco faltó el propio Maroto, a quien nadie esperaba, de quien todos se burlaban, “Maroto, hueles a choto”, le decían…

Maroto, quien se había encargado de preparar el ponche que todos sus antiguos compañeros bebían sin cesar…

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