REFLEXIONES DIARIAS (XV)

-Señor Julián, ¿ha visto usted a Pepín?
– No, señora María.
– ¡Ay, este niño! Me va a matar a disgustos. Le dije que viniera pronto a comer y mira qué hora es…

La señora María se acercó a la plaza y preguntó al panadero.

– Señor Manolo, ¿ha pasado por aquí Pepín?
– No, señora María. Por aquí no ha venido.
– Haga el favor. Si le ve, dígale que su madre le está buscando.
– No se preocupe, que yo se lo diré.

Al salir de la panadería, se encontró con un hombre al que no había visto nunca.

– Perdone, ¿no habrá visto usted a un niño pequeño, de unos diez años, rubio y con cara de travieso?
– No, señora, pero no se preocupe, seguro que vuelve pronto. Déjeme que la acompañe a su casa.

Y José, a quien sólo una persona llamaba Pepín, acompañó a aquella anciana al que había sido su hogar durante tantos años.

abuela

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