REFLEXIONES DIARIAS (XII)

La primera noche pensó que los ruidos que se oían en la casa de los vecinos eran normales. Gritos, insultos, lloros… “Es una discusión de pareja y no me debo meter”, pensó. Se puso los tapones en los oídos y se durmió.

La segunda noche continuó escuchando gritos del hombre y lamentos de la mujer. “Están en su casa, es su vida privada y no me debo meter”, siguió pensando. Y se durmió.

La tercera noche, cuando vio a su vecino esposado en televisión, el silencio no le dejó dormir.

hombre

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