JUEGOS DE CARTAS

Tapete

Cada día, a las cinco de la tarde, Cándido, Matías, Basilio y Damián se reunían en el bar de Cefe a echar su partidita de mus, tomar varios cafés (descafeinados, por supuesto) y algunas copitas de orujo (blanco, como mandan los cánones).

Discutían, bromeaban, se levantaban cada cinco minutos para cumplir con la próstata y volvían a sentarse, manteniendo las mismas parejas de los últimos diez años: Cándido y Basilio frente a Matías y Damián.

Un maldito cáncer de pulmón se llevó a la pareja de Matías, transformando el cuarteto de amigos en un terceto y las partidas de mus en triángulos de brisca. Los órdagos y envites fueron sustituidos por ases y reyes, pero mantuvieron sus costumbres, sus horarios y sus disputas vespertinas para ver quién pagaba antes la cuenta.

El corazón de Basilio no aguantó mucho más, dejando reducido el grupo de amigos al dúo formado por Candido y Matías. La brisca dejó paso a la escoba y al cinquillo; los cafés eran más cortos y los silencios más largos; las disputas perdían su razón de ser, porque no había un tercero que desequilibrara la balanza, y los pensamientos volaban sobre los huecos vacíos de la mesa.

Desde hace un mes, Matías juega al solitario en el bar de Cefe, esperando que llegue el día en el que la baraja descanse silenciosa sobre el tapete.

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