Silencio

ancianos

Cada mañana, en silencio, Francisca y Marcelo veían las noticias en el salón, mientras, también en silencio, mojaban y remojaban las galletas en el café. Silenciosamente recogían sus bandejas y llevaban las tazas a la cocina, donde cada uno las fregaba en silencio.

Mientras Francisca elegía su ropa en el silencio de la habitación, Marcelo se afeitaba, acompañado del monótono susurro de una vieja radio a quien las pilas comenzaban a fallar.

En silencio, daban un breve paseo y, quejosamente, se sentaban en una cercana terraza en la que, calladamente y a sorbos pequeños, bebían dos refrescos que acababan por calentarse.

De vuelta a casa, en silencio comían el primer plato y en silencio finalizaban el segundo. Una reparadora siesta les aguardaba después de comer, mientras un pesado silencio se adueñaba de la casa.

Al despertar, silenciosamente se sentaban en el salón, ocupando los mismos sitios que venían haciendo durante los últimos treinta y cinco años. En silencio, veían un programa tras otro sin molestarse en discutir, comentar o abrir los labios.

Llegada la noche, en silencio se desvestían, se ponían los pijamas, se acostaban y apagaban la luz, olvidándose sencillamente de darse las buenas noches.

Al día siguiente, Marcelo no se despertó a la hora acostumbrada, ni a ninguna otra… Mientras, Francisca veía en silencio las noticias en el salón, mojando las galletas en el café…

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s