EL TREN DE LAS CINCO Y MEDIA

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EL TREN DE LAS CINCO Y MEDIA

Nervioso, aunque disfrazado de serenidad, esperaba en el andén a que llegara mi tren. A las cinco y media, como todos los días, apareció ella, radiante, bella, encantadora.

Recorrimos varias estaciones en las que mis ojos gritaban lo que callaba mi voz, mientras ella, ignorante de mis súplicas, leía en silencio.

De pronto, alzó la vista, me miró y una ligera sonrisa se dibujó en su cara.

Las puertas del vagón se abrieron y la gente comenzó a salir. ELLA se deslizó entre la multitud y desapareció.

Quedé inmóvil, hipnotizado. Cuando por fin reaccioné, vi que algo brillaba en el asiento. Era su libro. Al cogerlo, una nota resbaló en su interior. En ella pude leer: HASTA MAÑANA…

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