DOS VIDAS

dosvidasOlga y David vivían acomodados en una de las zonas exclusivas de la capital. Sin hijos, su máxima preocupación se reducía a elegir dónde pasarían las próximas vacaciones, o a qué restaurante irían a cenar.

Olga era feliz, aunque se sentía un poco sola. No  conseguía acostumbrarse a los largos viajes y ausencias de su marido.

Miró el reloj y comprobó que, a esas horas, David habría aterrizado en Barcelona.

Sin pensárselo dos veces, corrió a su habitación, guardó lo indispensable en una pequeña mochila y se dirigió al aeropuerto.

Hotel Hilton, habitación 324. Una botella de vino y dos copas en la mano. Todo cayó al suelo cuando su marido abrió la puerta abrazado a aquel hombre…

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