NADIE COMO UN HIJO

psic

–      ¡Mamá, cómete toda la sopa! No quiero estar todos los días con la misma canción… Llevas una temporada que no comes casi nada, te vas a poner enferma… Anda, déjame que te coloque bien la servilleta, que te vas a poner perdida…

Y Pablo colocaba la servilleta sobre la falda de su querida madre, mientras comprobaba si la sopa todavía se mantenía caliente.

–      Nada…, ya está casi fría. Te la volveré a calentar. No, no me vengas con que ya no quieres más. Pareces una niña pequeña…

Desde la cocina, Pablo continuaba con sus quejas. “No sé lo que va a pasar el día que yo falte, no lo quiero ni pensar… Estoy todo el día pendiente de ti, parezco tu esclavo…”

De pronto, el teléfono sonó en la pequeña cocina.

–      ¿Diga?

–      Buenos días. ¿D. Pablo Hernández?

–      Sí, soy yo.

–      Perdone que le moleste,  Sr. Hernández.  Le llamo del Ayuntamiento. Necesitamos comprobar una serie de datos, a efectos del padrón. ¿Vive usted solo?

–      ¿Solo? No, vivo con mi madre.

–      ¿Su madre…? Disculpe, en nuestra base de datos figura que su madre falleció hace diez años…

Colgó. “No era nadie, mamá. Se habían confundido…”

 

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