DULCE MELODÍA

piano

Cada tarde, a las seis menos diez, llegaba hasta su ventana aquella dulce melodía, suaves notas de un piano que acompañaban sus tardes solitarias. Siempre a la misma hora, siempre la misma canción.

Con el tiempo, aquella melodía se convirtió en una necesidad, una cita ineludible entre dos mundos desconocidos y, al mismo tiempo, inseparables.

Una tarde, a las seis menos diez solo hubo silencio. Preocupado, investigó las causas de aquella ausencia. “La señorita Marsé está gravemente enferma”, le dijeron.

Desde entonces, sus tardes cobraron un nuevo sentido y, acompañado por aquella melodía, se convirtió en un abnegado enfermero, un sacrificado compañero, un fiel amigo y, con el tiempo, un esposo enamorado.

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