PESADILLA

pesadilla

Aquella mañana se despertó empapado en sudor. Había tenido un sueño horrendo, una pesadilla tan real que aún le parecía estar dentro de ella.

Había soñado que su mujer y sus hijas le habían dejado, que se habían marchado lejos, muy lejos, poniendo kilómetros y kilómetros de distancia entre ellos. En el sueño, su mujer le dejaba una escueta nota en la que simplemente le decía adiós, sin motivos, sin desprecios, sin rencores.

Con una tremenda resaca, consiguió ponerse en pie. Frente al espejo del baño contempló su rostro ojeroso y cansado, el rostro de un hombre envejecido, vencido. En el suelo, junto a sus pies descalzos, un papel arrugado dejaba entrever una sola palabra: “ADIOS”.

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