ESCALERA AL VACÍO

escalera

Alberto evitaba los rostros de los demás jugadores. Sólo escuchaba sus voces al descartarse:

–      Dos.

–      Una.

–      Dos.

Ronda final, ya no había descartes. Alberto sudaba, sentía la boca seca y pastosa.

Los jugadores comenzaron sus apuestas.

–      Tres mil.

–      Lo veo y subo a diez mil.

Diez mil euros. Turno de Alberto. Sobre la mesa extendió las escrituras de su casa, ante la lasciva mirada de los jugadores.

–      Lo veo.

Enseñó sus cartas. Full de ases y damas. Su rival de la izquierda mostró lentamente las suyas: escalera de color…

Alberto abandonó aquel antro y, mientras se dirigía al viaducto, trataba de olvidar lo que les ocurriría a su mujer y a sus hijas…

 

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