LA BUENA VIDA

crítico

Pierrre Duclós sabía vivir bien. Los mejores restaurantes, comidas suculentas, vinos deliciosos y atención exquisita, eran su gran pasión. Aunque tenía un pequeño problema: estaba arruinado.

Pero no había problema para el gran Duclós. Su estrategia era sencilla. Siempre acudía solo, elegantemente vestido, pedía una mesa apartada y, después de elegir los mejores platos de la carta, se dirigía al baño, no sin antes dejar “olvidada” una pequeña tarjeta sobre la mesa: “Pierre Duclós, Crítico Gastronómico”. A su regreso le esperaba una comida exquisita y, por supuesto, gratis.

Todo funcionaba de maravilla hasta que un buen día, al regresar de su “oportuno” viaje al baño, encontró sobre su Ratatouille una tarjeta adosada a la suya: “Pascal Richard, Inspector de Policía”…

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