INEXISTENTE ENGAÑO

engaño

Su marido trabajaba demasiado. Reuniones a horas intempestivas, viajes repentinos… El puesto de gerente en una gran empresa farmacéutica era lo que tenía, “primero la obligación; después la devoción”. Lo cierto es que ella se sentía incluso culpable en ocasiones por no saber qué hacer cuando él llegaba derrotado a casa, cansado, sin ganas de hablar, sin deseos de tocarla, sin fuerzas para hacer el amor.

Una soleada mañana de junio, mientras Jorge estaba en el trabajo, sonó el teléfono móvil de su marido. “¡Vaya! Se ha dejado el móvil en casa…” No le dio tiempo a cogerlo, pero a los pocos segundos escuchó el pitido inconfundible de los mensajes.

“¿Qué hago?”, pensó. “Puede ser algo importante, debería comprobarlo y llamarle enseguida”. Insegura, como una intrusa que invadiera un espacio de intimidad que no le correspondía, decidió leer el mensaje. Tan sólo unas escuetas palabras: “No lo olvides. Te espero esta noche a las 10. Bss”. Lo enviaba una tal María…

Durante toda la mañana estuvo dándole vueltas a la cabeza. “Será una cuestión de trabajo, algo que tendrán que resolver…”, se decía a sí misma, tratando de convencerse. No conocía a nadie con ese nombre en su trabajo, aunque la verdad es que desconocía casi por completo los nombres de las personas que trabajaban con su marido. “No seas paranoica, Elena, seguro que está relacionado con su trabajo…”

Marcó el teléfono del trabajo de su marido, sin saber muy bien por qué ni para qué…

–      Hola, cariño. ¿Cómo llevas el día?

–      Como siempre, cariño, como siempre. Muy liado y sin tiempo para nada… ¿Querías algo?

–      No…, nada… -dejó pasar unos segundos- Ah, te has olvidado el móvil en casa.

–      Ah, vaya… Bueno, no tiene importancia. No creo que lo necesite.

Elena dudó unos instantes si debía comentarle el asunto del mensaje, y finalmente preguntó:

–      ¿Te espero esta noche para cenar?

–      No, cariño, lo siento. Tengo que preparar unos papeles y saldré tarde de la oficina. Ya comeré algo por aquí. Te tengo que dejar. Un beso.

–      Un… beso…

Se derrumbó en el sofá. No había reuniones de trabajo, no había papeles que arreglar. Todo era una gran mentira. María le esperaba a las diez… Ahora volvían a su memoria tantas noches en soledad, las continuas ausencias de su marido, sus viajes, sus convenciones… ¿Desde cuándo estaba siendo engañada?, ¿cuándo había comenzado todo?

La noche llegó más pronto de lo que deseaba. Acostada pero despierta, esperó a que su marido regresara a casa. Percibió su perfume al entrar en la habitación y sintió cómo unos labios con sabor a whisky le besaban la frente.

–      Buenas noches, cariño. ¿Aún estás despierta?

–      Sí…, te estaba esperando… ¿Pudiste terminar tu trabajo…? –en la oscuridad, unos ojos húmedos mojaban la almohada.

–      Sí, por fin…, he acabado agotado.

–      Acuéstate y descansa…

La mañana llegaría más pronto de lo que Elena deseaba…

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