SIN PALABRAS

palabras

La conoció en aquel cóctel. Alejada de los grupos que se formaban a su alrededor, se mostraba ausente, perdida. Se acercó a ella y comprobó que era hermosa, muy hermosa, una belleza enigmática que irradiaba deseo, lujuria, vergüenza, dolor…

Ambos se miraron y el tiempo se detuvo. Sus labios comenzaron a actuar, y tras ellos lo hicieron las lenguas buscándose con frenesí, las manos palpando bajo la ropa, los sexos húmedos deseando gritar…

Minutos, horas, siglos después, la rueda del tiempo comenzó a girar y sus ojos, entre vapores de deseo y alcohol, se volvieron a encontrar. Lentamente, sin dejar de mirarle, ella se marchó.

Saboreando su perfume, recordando sus gemidos, quedó tan distante, perdido y ausente como ella…

(Relato seleccionado para formar parte del libro solidario “Relatos para Amanat”, 2013)

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