UNA REINA REAL

cajera

Aún recordaba sus palabras: “Cuando nos casemos, vas a vivir como una reina…” Pero el hechizo duró bien poco. Su reino se limitó a una lúgubre casa de 30 m2 y a un rey-consorte que alternaba las borracheras con las palizas.

Un buen día, nuestra reina decidió poner fin a su reinado y, reuniendo en una pequeña bolsa sus pertenencias y su valor, se escapó de aquel infierno.

Ahora, nuestra reina trabaja de cajera en un supermercado, ha dejado su reino atrás y trata de rehacer su vida. Podrás reconocerla por el majestuoso brillo de sus ojos, por la realeza de sus gestos y, sobre todo, porque es la única reina que mira atrás en cada esquina…

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