UNA GOTA MÁS

llover

La lluvia golpea tímidamente los cristales de la ventana con un sonido monótono, triste, apagado. Toc… toc… toc… Su padre ha vuelto a entrar en su habitación, y en su cuerpo aún quedan marcadas las señales de la vergüenza y del dolor.

Durante aquel infierno, María sólo escuchaba las gotas de lluvia caer sobre el cristal. Toc… toc… toc… “Mi niña”, parecían decirle, “no llores, nosotras lloramos por ti”.

El olor a vejación impregna el cuarto y, al abrir la ventana, aquellas suaves gotas de lluvia besan su rostro. Con una tímida sonrisa, María alcanza el alféizar y siente cómo aquellas gotas limpian y barren su miedo. Toc… toc… toc… María sonríe. En unos segundos, sólo será una gota más.

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