SUEÑOS ROTOS

fumando

Llovía tras los cristales y, mientras, Susana apagaba la pasión de un sucio camionero en un burdo hotel de carretera. Gemidos falsos para que aquel extraño se corriera cuanto antes, sudores fríos, sábanas manchadas… 50 euros, eso costaba usar su cuerpo, 50 malditos euros por un polvo.

Luego, después de una profunda ducha, fumaba cigarro tras cigarro esperando que la llamaran para un nuevo servicio, uno más…

Estaba cansada, muy cansada. Su cuerpo podía parecer el de una mujer de 30 años, pero su alma…, su alma era el de una mujer muerta. No sentía nada, ni siquiera asco cuando aquellos babosos la sobaban. Todo le daba igual. Su cuerpo ya no le pertenecía, hacía mucho tiempo que había dejado de pertenecerle, quizás desde la primera vez…

Miraba a través de la ventana de aquel oscuro cuarto y por su estómago subieron unas ganas tremendas de vomitar. Corrió al baño y vomitó. En el espejo se reflejaba su imagen, triste figura, las lágrimas corrían el rímel sobre su cara, trozos de bilis colgaban de su barbilla. ¿Quién era?, ¿quién había llegado a ser?

Sobre la cama, tumbada, cerró los ojos y  se forzó a soñar. Soñaba que volvía a su casa, soñaba que ya no estaba su maldito padre, soñaba que no abusaba de ella, soñaba que jugaba con sus hermanos y que reía, soñaba que volvía al colegio y que su madre la esperaba al salir, soñaba que los chicos la adoraban, soñaba que…

… El teléfono volvió a sonar…

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