LA MASCOTA DESEADA

homber

Se desvivía por cuidarle. Atendía cada una de sus pequeñas necesidades y le llenaba de mimos y caricias. Siempre, desde que era pequeña, había deseado tener una mascota, y ahora, cuando sus padres habían fallecido y se había quedado como única ocupante de la casa, por fin había logrado lo que quería.

Cada mañana le servía un poquito de leche y algunas sobras de la cena del día anterior. Tenía buen apetito, aunque su paladar era un tanto exigente: no quería los huesos.

Aún no le había sacado a pasear a la calle, y en casa le mantenía atado desde aquel día que intentó escapar. Además, le había puesto un bozal bien apretado. Solo faltaba que alguien le oyese gritar…

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