ESPEJOS DEFORMADOS

espejo

Aguantaría lo que hiciera falta. A sus 28 años, estaba dispuesta a soportar todos los sufrimientos necesarios con tal de eliminar aquellos kilos que le sobraban. Ya había eliminado de su dieta el pan, los fritos (con lo que le gustaban a ella las croquetas de su madre), el chocolate… ¡Ay, el chocolate! En su nevera aún quedaba una tableta entera, en la que se veía con letras grandes y brillantes: “VALOR”, precisamente lo que a ella le estaba faltando…

“No”,  gritó, cerrando, una vez más, la puerta de la nevera. Como cada noche, repitiendo un ritual tantas veces ensayado, se desnudó frente al espejo. Pero todo seguía igual: con sus 35 kilos, aún estaba gorda…

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