BILLETE DE IDA Y VUELTA

anciana

Septiembre, 2002.

–      Buenos días, señora Marcela.

–      Buenos días, guapa.

–      ¿Lo de siempre? ¿Dos barras y medio de rosquillas?

–      Sí, y ponme también unos mantecados, que viene mi nieto a merendar. Toma, cóbrame.

Y, como cada mañana, el viejo y ajado billete de cien pesetas volvía a las manos de Josefa, la tendera.

Al poco rato, María entraba en la tienda.

–      Josefa, por favor, dime cuánto ha sido lo de mi madre.

–      Como siempre, tres euros. Y toma, aquí tienes el billete de cien.

–      Gracias por todo, de verdad. No sabes el favor que nos haces.

Y como cada tarde, María devolvía el billete de cien pesetas al bolso de su anciana madre.

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