MI SUBCONSCIENTE Y YO

doble pers

En una ocasión, leí una frase que me pareció auténticamente brillante: “Su mente subconsciente tiene las respuestas  para todos los problemas. Si usted sugiere a su subconsciente antes de irse a dormir: Yo quiero despertarme a las 6 de la mañana, usted despertará a esa hora exactamente”.

No tardé mucho en darme cuenta de que mi subconsciente era aún más dormilón que yo. Los primeros días que hice la prueba, me desperté alrededor de las once de la mañana, y mi subconsciente media hora más tarde, salvo un lunes, en el que mi subconsciente trasnochó, no se acostó y a las cuatro de la mañana estaba dándome… los buenos días.

Ante esta situación, y dado que lo que precisamente me sobra es tiempo (no lo he dicho, pero mi profesión es PLD, Parado de Larga Duración), decidí educar a mi díscolo subconsciente.

En primer lugar, traté de encaminarle hacia una rutina provechosa y saludable, y empecé por lo más básico: la higiene diaria. Mi subconsciente debía aprender a ducharme, cepillarme los dientes, cortarme las uñas, etc.

He de decir que la tarea fue ardua, dura, hubo momentos en los que estuve a punto de renunciar, sobre todo cuando confundió los dientes con las uñas y…

Pero al final logré mi propósito, y mi subconsciente fue poco a poco creciendo, ampliando sus cometidos, siendo cada día más independiente. Me sentía muy orgulloso de él, le había visto crecer, le había enseñado todo lo que sabía y ahora lo contemplaba en todo su esplendor. Cada noche, antes de acostarme, repasábamos juntos las labores del día y, tras ello, le dejaba a sus anchas durante mis sueños.

No sé cómo ocurrió ni en qué momento se me fue de las manos, pero lo cierto es que hubo una mañana en la que mi subconsciente no me despertó a la hora convenida, y ahí fue cuando empecé a preocuparme. Le regañé, le hice ver que eso estaba mal, que no debía volver a repetirse… y, ante su silencio, supe que algo había cambiado.

A la mañana siguiente, no me despertó a las diez, sino a las ocho; no me sirvió café, sino te; no me vistió con mi camisa azul, sino con la verde a rayas… Mi subconsciente se había hecho mayor, ya no dependía de mí, era un subconsciente adulto e independiente, y yo…

Desde aquel día, mi subconsciente ha tomado las riendas de mi vida. Ahora, los domingos voy al Calderón, cuando soy del Madrid de toda la vida; escucho ópera, y eso que siempre he creído que Verdi era un jugador de la Juve; incluso grabo los programas de Gran Hermano…

Queridos amigos, aceptad el siguiente consejo: No dejéis que vuestro subconsciente despierte, se hará con el mando de vuestra vida y… (os dejo, creo que acaba de llegar…)

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