LA DESGRACIA DE LA FAMILIA NUMERAL

Números

Esta es la triste y descarnada historia de una sencilla y agradable familia, y de unos hijos que fueron diferentes, tristemente diferentes a sus hermanos.

En la familia Numeral, el papá Fermat y la mamá Hipatia tuvieron una larga y prolija descendencia. Entre sus queridos hijos se encontraban los números naturales, tan frescos y alegres, queridos por todos sus hermanos e incluso por sus primos, aquellos estirados números primos, que siempre miraban por encima del hombro repitiendo una y otra vez: “yo sólo me divido por mí mismo y por 1”.

Hacían muy buenas migas con sus hermanos, los números positivos, los más optimistas de la familia, despiertos y confiados, a pesar de las continuas desgracias que presagiaban sus mellizos, los números negativos.

Problemas en esta familia, como en todas, también hubo. Los más complicados de resolver fueron los que provocaron los números irracionales, sobre todo cuando discutían con sus hermanos algebraicos. Montaban auténticos teoremas irresolubles, los números pares se negaban a salir de casa si no era en compañía de alguien, los impares decían que nones, los negativos entraban en una profunda depresión…

Pero el grave, oscuro y profundo problema de la familia no la provocaron las discusiones entre hermanos, ni las ecuaciones infinitas, ni los desvaríos de los padres. El auténtico caos fue provocado por los números rojos.

En su niñez, estos números fueron tan sólo unos pequeños números juguetones, traviesos, pero sin malicia alguna en su actuar. Se divertían provocando tropezones, escondiéndose y apareciendo en los lugares más insospechados, disfrazándose…

Pero su verdadera eclosión se produjo cuando aquellos números rojos tan inofensivos crecieron, se hicieron mayores y comenzaron a trabajar. Por sus destacadas cualidades, los bancos fueron su hábitat natural, se instalaban en las cuentas corrientes y desde allí hacían y deshacían a su antojo. Sus ansias de trabajar y su afán por agradar eran encomiables, pero se percibía a su alrededor un cierto aroma de malestar, una incomodidad sutil en el ambiente.

Pronto, los compañeros dejaron de hablarles, evitaban su presencia. Se extendieron rumores de todo tipo, que si estaban gafados, que si sólo traían desgracias, que si habían provocado la ruina de miles y miles de personas…

Finalmente, estos rumores llegaron a oídos de los propios interesados, y su reacción no se hizo esperar. Desolados, sintiéndose abandonados y vilipendiados por sus propios compañeros, los tristes números rojos analizaron la situación y comprendieron que la maldición de la soledad y la incomprensión les acompañarían allá donde fuesen.

Lastimados en su orgullo, tristes pero decididos, solitarios pero convencidos de su poder, decidieron asumir las riendas de su propia situación y dominar el mundo, aquel mundo que tanto les temía y que jamás les aceptaría.

Y comenzaron a actuar. Investigaron, examinaron y, por fin, eligieron a su próxima víctima: Lehman Brothers. Sólo sería el principio…

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