ESCRITOR DE RAZA

escritor

Aún recuerdo la cara que puso mi padre cuando le dije que quería ser escritor. “¿Escritor? Un muerto de hambre es lo que vas a ser como te dediques a eso…”

Y no le faltaba razón. Pero, queridos colegas, vosotros lo sabéis tan bien como yo: para cualquier escritor que se precie, el aspecto crematístico no es lo más importante; soy escritor, y eso es algo que no se elige, se nace con ello. Uno no es escritor a tiempo parcial, no existe la “jornada laboral” del escritor; un escritor siempre está de guardia, como un médico, un bombero, un profesor…

Mis inicios no fueron muy boyantes ni muy prometedores. Para ser realistas, fueron bastante deprimentes… Mis primeros pasos dentro del mundo de la escritura los di dentro del periódico de mi pueblo. En aquel “Crónica”, era el encargado de redactar las esquelas. Al principio, seguía la escuela tradicional esquelística con los convencionales “Descanse en paz”, “Tus compañeros no te olvidan”…, pero pronto dejé espacio libre a mi inventiva y os puedo asegurar que dejé huella en aquel mundillo. Fue famosa mi esquela por el óbito de D. Manuel De la Cierva Junyent, eminente callista y aficionado del Betis: “Mis pies le echarán de menos, / gran doctor De la Cierva / mis callos quedarán sin dueños… / ¡viva el Betis manque pierda!”

Más tarde, mis creaciones literarias dieron un gran paso al entrar a trabajar en una agencia de publicidad. Aprendí mucho y, lo que es más importante, comprendí el valor y la fuerza que pueden llegar a tener las palabras. Participé en campañas de gran tirón popular, como la de “Supositorios Martirio, el martirio que te hará ver las estrellas…” (la chica que aparecía en el anuncio llevaba una peineta en la cabeza…, sólo…).

Pero tuve mala suerte. A mis jefes no les terminó de convencer mis veleidades literarias (“chorradas literarias”, las llamaban ellos), y decidieron echarme después de mi último gran éxito publicitario: “Sude, engorde, no se afeite, no se duche, huela…, pero, sobre todo, beba Vino El Gorrino”.

Ahora estoy atravesando una mala racha, aunque, pensándolo bien, todo gran escritor ha sufrido en sus inicios, ha sido vilipendiado e ignorado por sus coetáneos. ¿Acaso no lo fue Lope de Vega, o Espronceda, o el propio Boris Izaguirre…?

Mis aspiraciones escritoras siguen en pie, aunque ahora quedan reducidas a la mínima expresión. Hay que ser realistas y…, el hambre manda. Para serles sinceros, mi única relación con la escritura se reduce a escribir el menú del día en el bar donde trabajo. Eso sí, siempre trato de aportar mi “toque” personal: “No seas pendejo, toma salmorejo”, o  “Un churro, una ilusión”.

En fin, soy escritor, y orgulloso de serlo. Pero les daré un consejo: si su hijo les dice que de mayor quiere ser escritor, busquen un buen psicólogo, les será de gran utilidad…

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