REFLEXIONES DIARIAS (XV)

-Señor Julián, ¿ha visto usted a Pepín?
– No, señora María.
– ¡Ay, este niño! Me va a matar a disgustos. Le dije que viniera pronto a comer y mira qué hora es…

La señora María se acercó a la plaza y preguntó al panadero.

– Señor Manolo, ¿ha pasado por aquí Pepín?
– No, señora María. Por aquí no ha venido.
– Haga el favor. Si le ve, dígale que su madre le está buscando.
– No se preocupe, que yo se lo diré.

Al salir de la panadería, se encontró con un hombre al que no había visto nunca.

– Perdone, ¿no habrá visto usted a un niño pequeño, de unos diez años, rubio y con cara de travieso?
– No, señora, pero no se preocupe, seguro que vuelve pronto. Déjeme que la acompañe a su casa.

Y José, a quien sólo una persona llamaba Pepín, acompañó a aquella anciana al que había sido su hogar durante tantos años.

abuela

REFLEXIONES DIARIAS (XIV)

¡Sorpresa! ¡Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos…” Un coro de voces resonaba en la pequeña habitación mientras Matías se afanaba en apagar las velas de su ochenta y cinco cumpleaños.

“Porque es un chico excelente, porque es un chico excelente…”, y Matías cortaba una pequeña porción de la tarta de chocolate.

Cuando volvió a escuchar “Cumpleaños feliz, cumple…”, Matías guardó la tarta y apagó el cassette que le acompañaba en sus últimos diez cumpleaños.

abuelo

REFLEXIONES DIARIAS (XIII)

A Daniel siempre le había gustado vivir de forma independiente. Desde que se fue de la casa de sus padres, había gozado de la vida en solitario, haciendo de su casa su propio reino y disfrutando de sus manías y de sus silencios.

Por eso, se le cayó el alma a los pies cuando su madre le llamó para decirle que se iba a vivir con él. “No aguanto más a tu padre”, le dijo, “no se puede vivir con él, me está haciendo la vida imposible…”. Trató de convencerla con mil razones, le dijo que era solo una mala racha, que su padre cambiaría, le rogó que se lo pensara…, pero no hubo manera.

Lo peor fue cuando su padre le llamó para decirle lo mismo…

joven

REFLEXIONES DIARIAS (XII)

La primera noche pensó que los ruidos que se oían en la casa de los vecinos eran normales. Gritos, insultos, lloros… “Es una discusión de pareja y no me debo meter”, pensó. Se puso los tapones en los oídos y se durmió.

La segunda noche continuó escuchando gritos del hombre y lamentos de la mujer. “Están en su casa, es su vida privada y no me debo meter”, siguió pensando. Y se durmió.

La tercera noche, cuando vio a su vecino esposado en televisión, el silencio no le dejó dormir.

hombre

REFLEXIONES DIARIAS (XI)

– Papá, ¿tienes un momento? Quiero contarte algo.
– Claro que sí, dime.
– Verás… Hay una chica en el instituto que… me gusta bastante.
– ¡Vaya! ¡Qué bien! ¿Y ella lo sabe?
– Es que… no me atrevo. Es preciosa, lista, inteligente, simpática… Me da miedo que me diga que no.
– Por eso no te preocupes. En cuanto te conozca, te aseguro que no te dejará escapar.
– ¡Gracias, papá!

Y dando un sonoro beso a su padre, Lucía se fue al instituto sonriendo, segura de sí misma y de que todo saldría bien.

sombras

REFLEXIONES DIARIAS (X)

Al pasar por delante del escaparate de aquel restaurante, el niño preguntó a la madre:
– ¿Por qué hay tantos cubiertos en la mesa, mamá? ¿Es que comen muchos platos?
– No, hijo, sólo comen uno, como nosotros… Lo que pasa es que no saben qué van a comer, si sopa, yogur, arroz…, y por eso les ponen cucharas, tenedores…
– ¿Y comen muchas veces al día?
– No, hijo, sólo comen una vez…, como nosotros…

escaparate

REFLEXIONES DIARIAS (IX)

Al despertar, encontró una nota sobre el mueble: “Lo siento, Lucía. No es por ti, es por mi. No te mereces estar con una persona como yo. Adiós”.

Sorprendida, tratando de forzar la salida de alguna lágrima que inmortalizara el momento, Lucía arrugaba la nota que ya tenía preparada: “Pedro, lo siento, pero me voy. No es por ti, es por mí…”

nota