REFLEXIONES DIARIAS (XLV)

Aquel día se levantó antes de que le despertara su madre. Se puso su mejor camiseta de Bob Esponja y se peinó como sólo él sabía hacerlo, con todos los pelos de punta. Se perfumó con la colonia barata de su padre y se contempló ante el espejo. ¡Perfecto! No podía estar más guapo. Era el día más importante de su vida y tenía que estar a la altura. También es cierto que sólo tenía cinco años y no había vivido muchos días importantes, pero eso era lo de menos.

Cuando la vio llegar a lo lejos, acompañada de sus dos mejores amigas, sintió un pequeño hormigueo en el estómago, como si aquella mañana no hubiera desayunado.

Decidido, salió a su encuentro.

– Julia, ¿quieres ser mi novia?

Las dos amigas se echaron a reír, tapándose la boca y esperando la contestación de Julia.

– Vale, pero sólo por las tardes, porque por las mañanas soy la novia de Miguelín.

Y Lucas se marchó feliz y contento, deseando que los días comenzaran a las tres de la tarde.

XLV

REFLEXIONES DIARIAS (XLIV)

La doctora Martínez se afanaba por salvar la vida de aquel paciente, pero, tras cada minuto que pasaba, sentía que sus esfuerzos eran baldíos.

Lo que en principio parecía ser una operación rutinaria, una sencilla operación de hernia discal, se fue complicando poco a poco, hasta el punto de que aquel joven…

“Hora del fallecimiento: 16:45”, notificó la doctora a la enfermera.

Difícilmente se podría explicar qué había ocurrido sobre aquella mesa de operaciones. Las cosas se torcieron, se complicaron…, y se complicaron aún más cuando la doctora reconoció en aquel joven al desalmado que la violó cinco años atrás.

XLIV

REFLEXIONES DIARIAS (XLIII)

Dormía abrazado a Teddy, su osito de peluche, y soñaba que era un valiente superhéroe, capaz de enfrentarse a los villanos más malvados que había en el mundo. Armado únicamente con su espada láser, y acompañado siempre de su fiel escudero Teddy,, derrotaba a cuantos enemigos se atrevían a enfrentarse a él.

Durante el día, alejado de los sueños, descubría que la realidad era más difícil de vencer que los malignos nocturnos, que los superhéroes no siempre ganaban todas las batallas.

– ¡Señor Director! ¡Tenemos un problema con unos cuantos alumnos!

El Director respiraba hondo y acariciaba suavemente a Teddy, escondido en el cajón de su mesa de trabajo.

XLIII

REFLEXIONES DIARIAS (XLII)

– Permítame que la ayude, señora.
– ¡Oh! Muchas gracias, hijo.

Y aquel joven tan agradable y educado cargó con las dos pesadas bolsas de la compra hasta la puerta del ascensor.

– ¿A qué piso vas, hijo?
– Al último, ¿y usted?
– Me bajo en el tercero.

Al llegar al tercer piso, se abrieron las puertas del ascensor y el joven volvió a cargar con las bolsas.

– Se las acerco a la puerta. Estas bolsas pesan demasiado para usted.
– No te preocupes, no hace falta, ya me apaño yo sola.
– Deje, deje…, si es sólo un momento.

Y la señora Amparo seguía a aquel joven mientras sacaba del bolso las llaves de su piso.

– Muchas gracias, has sido muy amable.

Al abrir la puerta, lo único que sintió fue un tremendo empujón y un sonoro portazo. En el descansillo, las naranjas y manzanas se mezclaban en el suelo…

XLII

REFLEXIONES DIARIAS (XLI)

Dormía la ciudad tras los cristales de su ventana, apenas sin vida, y Jaime la contemplaba paciente, sintiéndose acompañado en su soledad. Una noche más, era incapaz de dormir; una noche más, las luces de la ciudad se convertían en sus únicas compañeras nocturnas.

Hacía cinco días que su mujer le había comunicado su decisión: “Jaime, quiero que nos separemos”. Desde entonces, la oscuridad se había apoderado de su vida. Apenas recordaba los detalles, los gritos, la desesperación…

Tras los cristales, la noche seguía oscura y silenciosa. Sobre la cama, inerte, yacía el cuerpo de su mujer…

XLI

REFLEXIONES DIARIAS (XL)

Sofía llevaba cinco años casada y su matrimonio era una balsa de aceite. Julián era un esposo atento, cariñoso y trabajador. Quizás la única piedra que había en su matrimonio eran los continuos viajes semanales a los que Julián se veía obligado a realizar a causa de su trabajo. Trabajaba de comercial de una empresa tabacalera y todas las semanas se marchaba de martes a viernes, regresando los sábados por la mañana.

A seiscientos kilómetros de distancia, María preparaba la comida. De martes a viernes, su marido regresaba a casa, cansado de sus viajes como representante de una tabacalera.

XL

REFLEXIONES DIARIAS (XXXIX)

Él siempre era el primero en reír ese tipo de bromas machistas, o en hacerlas si se daba la ocasión. Frases como “Las mujeres no saben conducir”, “Mejor, en la cocina” o “Si es que van provocando”, eran habituales entre sus grupos de amigos, frases que siempre acababan con risotadas, palmadas en la espalda y brindis de cervezas.

No le hizo tanta gracia cuando su hija regresó del colegio llorando desconsolada. Un compañero de clase le había tocado los pechos porque “iba provocando”…

XXXIX